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La inteligencia artificial dejó de ser una herramienta de análisis para convertirse en el nuevo “cerebro operativo” de las organizaciones. En sectores como energía, banca y retail —donde se toman miles de decisiones por día— ya no solo procesa datos: robots cuadrúpedos y drones autónomos recorren subestaciones eléctricas, redes de agua y operaciones mineras detectando fallas antes de que ocurran.